Práctica 5 - Mireia Martínez Morell
En este programa de A Fondo (1977), el escritor hispanoamericano Juan Rulfo se abre en una entrevista que, como él mismo señala, “ha sido excepcional”, ya que, dado su carácter solitario e introvertido, no suele participar en este tipo de espacios. Esta ocasión especial nos ha permitido conocer más a fondo — nunca mejor dicho — su vida, su trayectoria y su obra. A continuación, haremos un breve resumen de las partes más importantes de la entrevista.
Tal y como indica Joaquín Soler Serrano “los orígenes del Rulfo hay que buscarlos, no en los altos, sino en los bajos”. Perteneciente a una familia acomodada de un pequeño pueblo de Apulco, este autor vivió de lleno los horrores de la Guerra Cristera. En esta revolución que Juan Rulfo considera de orígen “matriarcal”, perdió no solo sus bienes materiales, también a su padre y a su abuelo. A los pocos años, se quedó sin parientes cercanos y tuvo que vivir en un orfanato que funcionaba como correccional. Esta experiencia le sumió en un estado depresivo del que nunca pudo salir.
Ya en la adultez, se mudó a México y tuvo experiencias laborales muy diversas —como agente de inmigración o recaudador de rentas— hasta poder dedicarse plenamente a la escritura gracias a la Fundación Rockefeller. Aunque los lugares en los que habitó tras la Guerra fueron tranquilos, “el hombre traía ya como una violencia de chispa retardada que podía surgir en cualquier instante”, lo cual plasmó en los personajes de sus obras. Le marcó el hecho de que aquellas que aquellas personas eran aparentemente pacíficas, pero habían cometido una gran cantidad de asesinatos tras la guerra. Por ello, su obra explora ese mundo rural que ha fracasado en sus promesas sociales tras la Revolución. El propio Rulfo afirma que sus personajes no se extraen de la realidad, pero que sí la toma como punto de partida para construirlos.
Tras destruir una novela que versaba sobre la Ciudad de México, el primer cuento que publicó oficialmente fue “La vida no es muy seria en sus cosas” (1942, revista América). En 1953 publicaría la colección de cuentos El Llano en llamas, que no tuvo mucho éxito en sus inicios. Fue su novela Pedro Páramo, publicada en 1955, la que le otorgó un prestigio indiscutible y ese puesto dentro de la literatura hispanoamericana que tiene hoy en día. En esta obra, que a menudo se compara con la de William Faulkner, las voces de los personajes aparecen y desaparecen, porque no viven en un tiempo y espacio determinados: pertenecen al mundo de los muertos. Esta ruptura de la linealidad le permitió jugar con una técnica narrativa compleja y singular que le ha valido numerosos premios, como el Premio Nacional de las Letras de México (1970).
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