Práctica 1 - Jaume Leal Esteve

Diego Velázquez - La fragua de Vulcano, 1630, óleo sobre lienzo, 223 × 290 cm, Madrid, Museo del Prado
Diego Velázquez - La fragua de Vulcano, 1630, óleo sobre lienzo, 223 × 290 cm, Madrid, Museo del Prado
 

10 herramientas digitales para la docencia y la investigación. PLE de DLL.

Para esta primera práctica, debemos elaborar una lista de herramientas digitales (TIC, TAC, TEP) e indicar cuánto tiempo les dedicamos para preparar las clases / investigar / examinar y desde cuándo las conocemos.

Para ello partimos, primero, de la lista que nos ofrecen las propias instrucciones de la práctica, obtenida a partir de una pregunta realizada a ChatGPT. Tomando como base esa lista, y contrastándola con mi experiencia previa, he agrupado algunas de esas herramientas, añadido más, y obviado otras, dando lugar a un listado estructurado en esas tres familias de tecnologías mencionadas en el enunciado: TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), TAC (Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento) y TEP (Tecnologías del Empoderamiento y la Participación).

Este listado se complementa, además, con algunos comentarios sobre el uso de cada tipo de herramienta, así como una breve explicación de mi experiencia utilizándolos. 

Así, podemos sentar las bases de lo que conformaría nuestro Entorno Personal de Aprendizaje (PLE, Personal Learning Environment) para la Didáctica de la Lengua y la Literatura (DLL). Este estaría formado por:

TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación)

  • Plataformas de Gestión de Aprendizaje (LMS, Learning Management System). Son plataformas multifuncionales para la organización del curso, la asignación y la evaluación de tareas, la comunicación profesor-alumno y para compartir materiales, entre otros. Algunos ejemplos son Moodle y Google Classroom (generalistas), Aules (Generalitat Valenciana) y UAcloud (Universidad de Alicante). Son una herramienta fundamental para cualquier institución de enseñanza, ya que vertebran el aprendizaje y la estructura misma de la enseñanza.
Con respecto a ellos, es recomendable que el alumnado solo tenga que utilizar un LMS, de manera que todas esas funcionalidades se encuentren en una misma plataforma centralizada (facilitando el acceso, la navegación y la comunicación). En el caso de la Universidad de Alicante, algunas asignaturas utilizan las funcionalidades de UAcloud, mientras que otras se valen de Moodle (integrado en la plataforma, pero independiente), lo cual puede resultar incómodo y lioso para el alumnado. Hacer uso de cualquier otra herramienta externa al LMS general para una asignatura también puede dificultar el acceso a esa información, por lo que a mi parecer tampoco es recomendable. 

Desde mi entrada en la universidad he utilizado LMS (antes, en mi paso por el instituto, aún no se habían implementado estas plataformas), concretamente UAcloud. Dado que este funciona como la base de contacto en línea con la Universidad de Alicante, su uso es constante, ya sea para revisar horarios, recibir notificaciones de las asignaturas o de la administración, enviar tutorías a profesores, entregar trabajos y ver mis notas. En mi futura labor docente, el uso del LMS correspondiente será igualmente constante, empleando esas mismas funcionalidades pero desde el lado del profesor. 
  • Herramientas para la creación de presentaciones. Se trata de herramientas que facilitan la elaboración de diapositivas, lo que permite transmitir el conocimiento de manera visual y atractiva, sirviendo de soporte a las explicaciones orales de quien expone (ya sea el profesor o un alumno que esté realizando una exposición). Algunos ejemplos son Microsoft PowerPoint, Google Slides o Canva.
Son una herramienta de gran utilidad, ya que permiten complementar la oralidad con información adicional, al tiempo que aportan un interés añadido con el apartado visual. Por ello es importante que las diapositivas sean atractivas, presenten información legible que complemente la explicación, y permitan que el público siga el hilo de la explicación con más facilidad. Por tanto (y como es obvio), el ponente no debería limitarse a leerlas, sino que debería utilizarlas como complemento. 
 
Tanto en mi paso por la universidad como en las prácticas las he utilizado mucho (especialmente Google Slides). Y es que, aunque las clases magistrales no son (ni deben ser) la única manera de transmitir conocimientos, utilizar ese modo expositivo (respaldado con una presentación) durante parte de la clase permite exponer información de manera clara y directa (la cual se puede trabajar más tarde utilizado otras metodologías; además de que la exposición se puede complementar con preguntas y otras actividades intercaladas). Además, las diapositivas ofrecen una estructura lineal y clara para la estructuración de las sesiones. Por tanto, siempre procuro dedicarle todo el tiempo necesario (horas, si hace falta) para producir presentaciones atractivas, claras, legibles e informativas, que amplíen, aclaren, o ejemplifiquen lo que tengo que exponer. A ese tiempo luego se suma el tiempo que dura la presentación en sí, que normalmente abarca toda la clase, ya que también utilizo las diapositivas para exponer las instrucciones de las actividades, o como fondo audiovisual durante otras dinámicas.
  • Plataformas de videoconferencia. Plataformas que permiten la comunicación audiovisual en directo, pudiendo llevar a cabo reuniones en línea o impartir clases de manera telemática. Algunos ejemplos son Zoom, Google Meet o Microsoft Teams.

Permiten la comunicación cara a cara sin la necesidad de desplazarse, lo que agiliza reuniones o permite, incluso, impartir clase en momentos en los que la presencialidad no es posible o recomendable (pandemias, tiempo adverso, etc.). Aunque inevitablemente se pierde parte de la naturalidad comunicativa inherente a la presencialidad, Son una alternativa mucho más dinámica a la comunicación por escrito (correos electrónicos, tutorías escritas, etc.). Además, el aspecto visual también añade otra capa de información comunicativa (no verbal), que se perdería con una llamada telefónica al uso. Por último, la habilidad de realizar videollamadas grupales también permite reuniones y clases multitudinarias aun cuando no se dispone de un espacio físico para llevarlas a cabo.

Durante toda mi trayectoria académica las he utilizado repetidamente, ya fuese asistiendo a clases en línea durante el confinamiento por la pandemia como para llevar a cabo reuniones de los distintos grupos de trabajo cuando había que preparar alguna actividad de manera conjunta (especialmente Google Meet). Son, en mi experiencia, indispensables para la coordinación de grupos, aunque solo las utilizaría para dar clase cuando fuese preciso.

  • Herramientas para la corrección ortográfica. Aunque la mayoría de editores de texto presenten correctores integrados, es interesante utilizar herramientas específicas para una mayor precisión y fiabilidad. En el caso del valenciano, por ejemplo, la herramienta de corrección de Softvalencià permite la corrección de textos en catalán desde la variedad dialectal valenciana. A nivel más general, además, un corrector como LanguageTool permite corregir textos en varias lenguas, detectando automáticamente el idioma en el que se está escribiendo y ofreciendo anotaciones de manera consecuente.
Aunque la corrección ortográfica es una competencia en sí misma que debería adquirirse durante la trayectoria académica de todo alumno, es interesante contar con una herramienta que señale nuestros errores y nos permita aprender de ellos. En el caso de LanguageTool, además de señalar el error, explicarlo y ofrecer la alternativa correcta, también indica repeticiones de palabras, oraciones demasiado extensas y asuntos de puntuación, lo que permite mejorar la redacción. 
 
En mi caso, he utilizado ambos durante mi trayectoria académica, asegurando que mis trabajos estuvieran libres de faltas y de erratas. Como LanguageTool se instala como una extensión del navegador, funciona en todas las webs que abramos desde este, por lo que es especialmente útil para editores de texto en línea (como Google Docs), así como para correos electrónicos o tutorías escritas a través de UAcloud.
 
Otras herramientas útiles para este fin son el Diccionario Panhispánico de Dudas y la Fundéu (Fundación del Español Urgente), ambas plataformas que resuelven dudas sobre el uso del castellano. 
  • Diccionarios y buscadores de sinónimos. Herramientas fundamentales para asegurar una redacción precisa y fluida, empleando los términos adecuados y evitando repeticiones innecesarias. Destaco dos: el Diccionario en línea de la RAE y WordReference. En el caso de la segunda, no solo ofrece la definición de la palabra buscada, sino que presenta sinónimos para distintas acepciones de una misma palabra, e incluso nos permite buscar traducciones a otros idiomas, conjugar verbos y hasta consultar nociones de gramática de algunos términos. 

He usado ambos durante toda mi trayectoria académica, y acostumbro a tener WordReference siempre abierto cuando estoy redactando un texto largo. Además de su aplicación literaria y académica, su implementación en el aula puede ser positiva, enriqueciendo el vocabulario del alumnado con sinónimos que tal vez no conocían o no habían considerado. 

  • Repositorios de trabajos académicos. Se trata de plataformas que compilan o facilitan el acceso a artículos científicos de diversa índole (incluyendo, claro está, artículos literarios). Son imprescindibles para la investigación, ya que ofrecen fuentes con las que completar y respaldar cualquier trabajo académico propio que realicemos. Algunos ejemplos son Google Scholar, JSTOR, Dialnet y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, cada uno de ellos con su propio grado de especificidad. Por otra parte, también hay repositorios de régimen oficial, como Teseo (de tesis doctorales realizadas en España) o RECOLECTA, que auna trabajos de repositorios universitarios (como el RUA, de la Universidad de Alicante) en una única plataforma.
Todos ellos son cruciales para llevar a cabo cualquier investigación académica (como las realizadas en el grado, máster, etc.), aunque los contenidos abordados en esos artículos pueden resultar excesivamente densos para el alumnado de secundaria, especialmente en los primeros niveles. Sin embargo, es interesante dar a conocer estas plataformas, para que el alumnado entienda la importancia de respaldar los estudios académicos con fuentes fiables y diversas.
 
Con el auge de la inteligencia artificial (y, concretamente, de los LLM como plataformas de consulta y acceso a la información), es imprescindible recalcar la importancia de las fuentes serias y contrastadas, por lo que también se puede animar al alumnado a que, en caso de que haga uso de la IA para algunos de sus trabajos, solicite que esta cite los artículos de donde ha extraído esa información (para, posteriormente, consultarlos y comprobar si estos existen y si dicen lo que se supone que dicen, o si la IA está falseando las fuentes para dar una apariencia de fiabilidad). En el apartado investigador y docente es también imprescindible estas comprobaciones al usar la IA, pudiendo incluso utilizarla como plataforma de búsqueda de fuentes, aunque esta funcionalidad estará siempre mucho más limitada que una búsqueda y recopilación manual en los distintos repositorios.

TAC (Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento)

  • Herramientas de creación colaborativa. Son plataformas que permiten la creación colectiva y en línea de documentos de texto, presentaciones y demás tipos de archivos, lo que permite elaborar trabajos o exposiciones en grupo de manera mucho más colaborativa y dinámica. La suite de Google (y, en concreto, Google Docs) es un gran ejemplo de este tipo de herramientas, que no solo ofrecen la posibilidad de editar un mismo documento desde distintos dispositivos, sino que añaden funcionalidades como los comentarios o el historial de versiones para señalar errores, sugerir cambios, exponer dudas o consultar etapas anteriores del documento.
Son herramientas excelentes para los trabajos grupales, ya sea a nivel de secundaria o a nivel universitario, tanto para la redacción del texto final a presentar como para llevar a cabo lluvias de ideas, distribución de trabajo o creación de esquemas y bocetos previos a la escritura del texto.
 
A nivel docente, son igualmente útiles para la participación colectiva en documentos (programaciones, rúbricas, etc.), además de tener el beneficio añadido de poder acceder a esos documentos desde cualquier dispositivo (como el ordenador de casa, los ordenadores de clase o de la sala de profesores, e incluso dispositivos móviles). 
  • Plataformas para la creación de cuestionarios. Se trata de plataformas destinadas a elaborar cuestionarios con preguntas en distinto formato (respuesta textual, numérica, elección múltiple...), que pueden luego compartirse para ser completados digitalmente. Un buen ejemplo de ello, también de la suite de Google, es Google Forms. Además del beneficio de ser accesible desde distintos dispositivos, la plataforma también clasifica las respuestas, ofreciendo representaciones gráficas y estadísticas de las respuestas recibidas.
Aunque existen otras plataformas similares destinadas específicamente a llevar a cabo tests académicos de carácter oficial (como aquellas implementadas en los LMS), estas otras plataformas también presentan sus ventajas. Su carácter abierto permite que otras personas respondan a los cuestionarios, pudiendo crear alguno para los padres o tutores legales del alumnado. Los alumnos, por su parte, también pueden crear sus propios cuestionarios y compartirlos con sus compañeros, o utilizarlos en trabajos de investigación donde se requiera una recogida multitudinaria de datos, por ejemplo.
 
En mi caso, yo utilicé un formulario al final de las prácticas para recibir retroalimentación de mis alumnos, dándoles la oportunidad de evaluar mi labor como docente y pidiéndoles sugerencias para mejorar mis futuras clases. 
  • Plataformas para la elaboración de tests gamificados. Además de las plataformas oficiales integradas en los LMS, y de las plataformas abiertas, como Google Forms, existen otras plataformas que permiten crear tests gamificados para evaluar las competencias y los saberes del alumnado de manera gamificada. El ejemplo paradigmático de este tipo de plataformas es Kahoot, mediante el cual podemos crear una serie de preguntas con respuesta múltiple, que el alumnado luego deberá responder en un formato de juego-concurso, cuantificando las respuestas acertadas, los fallos, y el tiempo que se ha tardado en responder.
Aunque pueden resultar útiles en algunos contextos, es importante tener en cuenta que fomentar la competitividad no siempre es positivo. Además, claro, de que este tipo de tests gamificados solo permiten evaluar un grupo determinado de competencias (como cualquier examen tipo test), con el matiz añadido de ser un formato donde se premia la rapidez tanto o más que las respuestas reflexionadas y dadas con seguridad.
 
Con todo, su implementación en el aula puede ser positiva, permitiendo evaluar de manera dinámica y gamificada ciertos saberes, lo cual puede contribuir a que el alumnado esté más implicado y proactivo en la clase.

TEP (Tecnologías del Empoderamiento y la Participación) 

  • Plataformas para la creación de páginas web. Se trata de plataformas que permiten a sus usuarios crear sitios web con distintas funcionalidades, ya sea en formato blog o con otro tipo de estructura interna. Algunos ejemplos son Blogger, WordPress o Google Sites; todas ellas con la opción de crear una web de manera gratuita (utilizando sus dominios).
Se trata de una herramienta interesante para hacer que el alumnado participe en la estructuración y la transmisión del conocimiento adquirido, no solo en el microcosmos del entorno educativo sino en toda la sociedad. Así, los alumnos tienen autonomía para crear webs (lo que es ya una competencia en sí misma, muy útil en el mundo actual) con la estructura, el estilo visual e incluso el contenido que ellos deseen. Las webs creadas son, por tanto, otra manera de exponer lo aprendido, con la particularidad de que esa exposición es completamente pública, y responde a un formato propio del mundo más allá de las aulas.
 
En mi caso ya las había utilizado antes, aunque a nivel personal (no para la educación), para crear una página en WordPress en la que publicar algunos relatos y poemas. Creo, sin embargo, que son una herramienta útil, que permite adquirir tanto un mayor domino del contenido expuesto en la web como una competencia en TIC directamente transmitible al mundo real.
  • Redes sociales. Se trata de plataformas masivas de comunicación, cada una con sus propias particularidades de contenido, formato y funcionalidades. Algunos ejemplos son Bluesky, Twitter/X y Threads (centrados principalmente en publicaciones de texto breves), Instagram (centrado principalmente en imágenes y vídeos, permanentes o temporales), o TikTok (centrado principalmente en vídeos), entre muchos otros. Permiten tanto publicar tu propio contenido, como consumir contenido de los usuarios que sigues, así como descubrir contenido nuevo de otros usuarios basándose en tus gustos (y en otros criterios determinados por un algoritmo que pretende capitalizar tu atención).
Aunque no son plataformas educativas per se, el contenido que sus usuarios publican es muy diverso, y existen perfiles con vocación educativa y divulgadora. Por otro lado, los propios alumnos pueden utilizar estas plataformas para la transmisión de conocimiento y la creación de comunidades alrededor de ciertos temas o intereses alineados con el currículum, ofreciendo otro canal para la participación activa en un entorno digital que se utiliza más allá del mundo educativo. De ese modo, los usuarios pueden alcanzar a otros usuarios con intereses afines, ya sean estos docentes (profesores que intercambien recursos, técnicas y dinámicas con otros profesores, y también docentes que quieran difundir sus conocimientos más allá de sus clases) o alumnos (que publiquen lo aprendido y lo divulguen ellos mismos, o que aprendan nuevos conceptos siguiendo a cuentas didácticas).
 
Sin embargo, las redes sociales tienen sus propias problemáticas y, como plataformas externas e independientes de las instituciones de enseñanza, pueden resultar conflictivas o incluso contraproducentes. Con todo, el uso de redes sociales por parte de los alumnos es prácticamente una realidad incontestable, por lo que intentar reconducir ese uso hacia uno más positivo, constructivo y educativo es una tarea encomiable. Dicho esto, obligar a que los alumnos hagan un uso concreto de sus perfiles presenta otras cuestiones delicadas.
 
Con respecto a mi uso particular, tengo algunos perfiles en redes desde hace años, aunque por lo general me limito más a un consumo pasivo del contenido de los perfiles que me interesan que a publicar yo. Una excepción sería Instagram, donde de vez en cuando sí publico fotografías, así como algunos poemas. En cualquier caso, rara vez utilizo este tipo de plataformas con un fin educativo, aunque ocasionalmente sí me encuentro con publicaciones que podrían resultarme útiles para mi labor docente o de las que aprender algo nuevo.

En definitiva, todas estas tecnologías son muy útiles para la investigación y también para la docencia, y facilitan notablemente ambas labores. 

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