Práctica 13 - Jaume Leal Esteve
![]() |
| Morgan Weistling - Escuela rural, 1879 (Country Schoolhouse, 1879), 2010, óleo sobre lienzo, 111,8 x 152,4 cm, colección privada |
Relato sobre la educación en 2050
Esta práctica se ha realizado sin IA, no por imposibilidad de hacerlo, sino por voluntad creativa. A la vieja usanza.
Septiembre del 50
Es ya septiembre, en el ecuador del siglo, y el calor asfixiante sigue sin dar tregua. Recuerdo que los veranos de mi infancia terminaban con la llegada de las clases y de las primeras lluvias, pero hace tiempo que el otoño no significa nada. Pasamos de sudar a ceñirnos la chaqueta. Aunque el frío ya no es lo que era, y si todo sigue así celebraremos año nuevo en chancletas, y para mayo no quedará otra que encender a toda potencia el aire acondicionado y evitar pisar la calle antes de que anochezca. Dudo que nadie haga nada para evitarlo. No lo han hecho antes.
Ahora es septiembre y, como al final de aquellos veranos de mi infancia, también vuelvo a las aulas. Ser profesor, claro, implica no haberlas dejado nunca. Aunque la cosa cambia a este lado de la clase. Tampoco la enseñanza es la misma que por aquel entonces. Todavía recuerdo cuando la pizarra no era más que un panel verde oscuro, y el rítmico sonido de la tiza al escribir allí. Los pesados libros de texto. El carrito con la televisión de tubo y los VHS, y las transparencias. Luego llegaron las PDA para registrar amonestaciones, los proyectores y el ordenador de aula, y las pizarras blancas sustituyeron algunas de las verdes. Hoy los alumnos y las alumnas solo cargan con el almuerzo y con sus tabletas, y a mi espalda es otra pantalla la que complementa mis explicaciones. Por suerte —o tal vez por necesidad— la climatización por fin funciona.
Pero, pese al paso de los años, muchas cosas siguen igual. Mi centro todavía conserva las mismas sillas verdes, y juraría que algunos de los pupitres son más viejos que yo. Una alarma anuncia el cambio de clase. A final de curso, un número determina si han aprendido o no. Ahora, claro, hay más variedad de dinámicas: proyectos creativos, actividades grupales, trabajos interdisciplinares… Pero, con frecuencia, gran parte de la jornada consiste en plantarse frente a los alumnos y alumnas a explicarles, por ejemplo, quién fue Cervantes.
Es cierto que, en lugar de anotar fechas y títulos con la tiza, es la pantalla la que los muestra, y que basta una pequeña instrucción para modificar el contenido de esas presentaciones dinámicas e interactivas. Dos segundos, y el programa incluye las aclaraciones o los ejemplos pertinentes. Tampoco es necesario que los alumnos apunten todo aquello en sus tabletas: esas presentaciones están interconectadas con los libros de texto digitales, por lo que la misión del alumno no es registrar ni memorizar, sino comprender. No tendría sentido pretender lo contrario en nuestro tiempo, con la información más accesible que nunca.
La tecnología actual también ofrece otras ventajas. Ahora los alumnos pueden resolver sus dudas con el asistente de IA aprobado por Conselleria, que en principio cuenta con una base de datos fiable, completa, y afín al currículo. Integrado en sus tabletas, este asistente puede ayudarles a estudiar o a realizar sus tareas, y también incluye algunas limitaciones de seguridad. Además es un sistema cerrado, y se supone que ha sido afinado y aprobado por expertos en didáctica y en cada una de las materias.
Pero no es perfecto, claro. A Consellería le cuesta un buen pico la licencia, y con frecuencia me pregunto si no sería más barato contratar a más personal docente para desdoblar, apoyar al alumnado y resolver todas esas dudas. Que funcione de manera local en nuestra comunidad también implica caídas frecuentes y lapsos de una agudizada lentitud. En época de exámenes, los servidores echan humo, y más de un alumno me ha escrito pidiendo que yo le ayude cuando el asistente deja de funcionar por algún motivo. Aunque admito las ventajas de la inteligencia artificial, estos mensajes desesperados me llevan a plantearme si no les estamos privando del desarrollo de su autonomía intelectual. Tampoco olvido, por supuesto, el impacto energético y ecológico de los servidores, aun dependiendo de renovables. Supongo que, por lo menos, este asistente no tiene anuncios.
Además, la inversión en pantallas, tabletas, recursos digitales y —sobre todo— licencias de IA ha dejado mella en los presupuestos anuales, y a veces parece que no hay dinero para nada más. Pupitres verdes con demasiadas décadas encima; sistemas de climatización viejos, ruidosos e ineficientes; instalaciones anticuadas y parcas en adaptación; ratios que ningún asistente puede ayudar a hacer frente; y salarios precarios y prácticamente ridículos en el mundo actual. Si tuviéramos en cuenta todo el trabajo invisible que hacemos nosotros para la empresa de la IA, educando y afinando su modelo con cada interacción (para que dentro de unos años nos vendan uno nuevo y más caro), quizás los profesores sí podríamos permitirnos una casa digna no muy lejos del instituto. Pienso entonces en aquella huelga educativa histórica del 2026, y me pregunto si no tendríamos que volver a repetir lo mismo. Pienso también, como entonces, si sería suficiente.
Y es que, a pesar del paso del tiempo, la situación no es tan distinta. Ciertamente, la instauración de la IA nos ha obligado a recurrir a metodologías más novedosas (trabajos en vídeo, proyectos prácticos…), aunque también hemos vuelto a viejas prácticas (oralidad, escritura a mano…). Lo que no cambia es la dinámica general, con el profesor frente a su alumnado. En ocasiones me pregunto si el motivo de esa máxima metodológica es su efectividad, el enquistamiento de la tradición, o quizás la imposibilidad de asentar otros modelos con las constantes modificaciones legislativas y la falta de recursos. Tal vez, por mucha IA y muchos cambios, sea indispensable que alguien coja su mano y les guíe a lo largo de su aprendizaje.
Hoy empiezan nuevamente las clases, y a pesar del calor y el ruido del climatizador, y a pesar de la precariedad y las viejas sillas, y a pesar de las posibilidades didácticas de la inteligencia artificial y demás tecnologías, abro un libro y rescato unos versos. Quizás ahora más que nunca debamos cuidar aquello que nos hace humanos. Quizás ahora más que nunca la juventud necesite una mano tendida y una voz que les descubra los tesoros del mundo.
Jaume Leal Esteve

Comentarios
Publicar un comentario