docere ex machina, o por qué la letra con software entra
Goya pinta, entre 1780 y 1785, Escena de escuela , más conocido como La letra con sangre entra . Es el siglo XVIII, y el refrán está bien asentado en el imaginario colectivo. Algunos hablarían de la necesidad del esfuerzo en el aprendizaje, de la disciplina, de la tenacidad. Pero Goya sabe que el refrán queda más cerca de lo literal que de la metáfora: en la mitad izquierda del cuadro, un maestro azota a un estudiante resignado e indefenso; en la mitad derecha, otro alumno parece haber sufrido ya esa misma suerte. Y al fondo, callados y ajenos al castigo, grupos de estudiantes modélicos leen, escriben; obedecen. A pesar de la crudeza de la estampa, el significado original del refrán perdura en el tiempo. El castigo está justificado; es necesario para asegurar que los alumnos aprendan la lección y se nutran de las letras y el saber. Pasarán los años sin que esta lección se cuestione: pesados libros sobre unos brazos en cruz, un reglazo contra la palma o los dedos de nuestros padres....